Esta mañana me he acercado a la tienda de lanas a ver si me vendían de eso mismo para afieltrar.
-Buenos días, quería lana, pero sin mezcla, que es para afieltrar. ¿Tienen?
-Claro cómo no vamos a tener, aquí tenemos de todo, ¿de qué color la quieres?
-Ésa moradita está bien. [...] Perdone, es que esto es 100% acrílico.
-Claro, mujer, si me has dicho que no querías mezcla.
-Sí, pero es que yo le he pedido lana, no acrílico.
-Ah, que quieres lana; pues hace un montón de años que nosotros no traemos lana.
Y digo yo, si la tienda se llama específicamente "lanas", que lo pone en el toldo, que lo he visto yo, ¿cómo es que no tienen lanas? ¿Nadie compra lana ya? ¿A qué huelen las nubes? ¿Es que, como dice mi chico, hasta las ovejas son de mezcla ya?
Por lo menos ya se han acostumbrado a verme y ya no me miran como si fuese marciana.
He constatado, además, que desde que el otro día compré las agujas circulares, las han subido de precio. No sé si esperan aprovechar el tirón, pero no creo que ninguna de las abuelas que van allí las usen y a la única de mis amigas a la que le ha picado el gusanillo del punto se ha ido a estudiar al culo del mundo (no os especifico dónde, porque lo mismo de repente alguno descubre que vive relativamente cerca del culo del mundo).
En fin, bajaré antes hoy, a ver si en la tienda en la que te cobran en vísceras tienen lana o no.
Lo más gracioso es que en mi pueblo sí que venden lana en las mercerías -tratada, inencogible, inafieltrable y demás, pero lana 100% y, curiosamente, de la misma marca cuya franquicia he visitado esta mañana-.
De todas formas, ahora que ni voy a ir en Navidad a casa, ni va a venir mi familia desde Barcelona en Navidad, me voy a ahorrar un montón de regalos, así que lo mismo ni me corre prisa la dichosa lana.