...tenemos dos opciones: o viene uno peor o viene uno mejor.
Por suerte, éste ha sido de los del segundo grupo.
Lo primero, quiero daros las gracias por lo buenos que habéis sido conmigo y todas esas palabras de ánimo. Es que sois unos soletes :).
Así ya se pueden escribir bitácoras y hasta menús del McDonald's.
Bueno, ya vuelvo a ser la arqueóloga dicharachera que se puso anoche las botas con Roma ;).
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Ya dice el proverbio japonés sólo en medio de la actividad desearás vivir 100 años, si eso tuviera que ir acorde con las cosas que he hecho hoy, lo mismo dentro de 500 años tenéis que seguir aguantándome ;P.
He puesto una lavadora, he recogido la anterior, he tendido la lavadora -bueno, la lavadora no, la ropa que había dentro-, he marinado medio salmón, he recogido la cocina, he(mos) purgado los radiadores del piso de al lado -es largo de explicar- y recolocado lo que quedaba de la compra de ayer. Luego he comido, me he dado una ducha y he salido por piernas a la facultad, donde he pasado toda la tarde en compañía de los hallázgos numismáticos de Clunia -sé que es duro, pero lo mismo cualquier día vuelvo a hablar de lo mío en el blog :P-.
Me he escapado de allí con el tiempo justo para comprar EL ovillo de lana que me faltaba para terminar el chal de mi abuela y por la calle me he encontrado con una charra preciosa que me ha hecho sonreír, una cría mulata lindísima, de unos cinco añitos, con el traje típico de aquí -presumiblemente fugada de algún belén viviente-, mofletuda y sonriente, degustando un regaliz con fruición. Con una expresión de felicidad radiante que daba gloria verla.
He comprado la lana -en la tienda cada día me reciben mejor, hoy hasta me han llamado guapa en repetidas ocasiones y todo- y todavía me ha sobrado tiempo para ver la exposición de laca japonesa que hay en el Centro Hispano-japonés. Ya que me perdí la de postales del Japón Meiji, por lo menos hoy me he desquitado bien.
Y luego me he tomado un pedazo de café con E y con P en esas butacas de mimbre que tan bien sientan. Qué alegría.
Y al llegar a casa..., no os lo vais a creer: he terminado por fin el chal de mi abuela, que se me ha hecho más largo que un día sin pan. Y menos mal, porque vienen mañana por la mañana.
La verdad es que para mí no me gustaba mucho, porque no es mi estilo; pero me lo he probado delante del espejo ya terminado y es una preciosidad. A mi abuela le va a encantar.
A ver si le saco fotos.