Se acaba de marchar mi familia.
Estos días han sido una locura, no he parado quieta ni un momento y la verdad es que me hubiera gustado poder disfrutar un poco más de las fiestas, en lugar de pasarme la mitad del tiempo cocinando y la otra mitad recogiendo; pero ahora que se han marchado, más que tranquilidad, lo que hay es un tremendo vacío.
Está vacía mi casa, está vacía la de al lado.
Ahora me apetece salir a dar un paseo con mi abuelo, como cuando era pequeña, pero me tengo que poner a limpiar.