Se olvida el olvido con los primeros acordes.
Hay una canción que huele a pan recién hecho, se siente como la sonrisa en el rostro adormecido aún y las manos húmedas de barro en la corriente helada del río cuando sigue amaneciendo despacio. Suena a chicharras despertando y a buenos días en siete idiomas.
Y los ojos lloran de alegría como entonces, y se olvidan de que ya no se acuerdan del molino que ya no tenía rueda pero cuyo movimiento era permanente.
Y más allá se extendían los viñedos, donde corrían aquéllos que ya no seremos más.
Y que escuchan esa canción y recuerdan. Y destierran el olvido mientras no se calle.
Y sonríen llorando.
A mis amigos del alma, a los que algún día volveré a ver, y a saludar en siete idiomas, como ellos me enseñaron; como entonces.
Aunque no seamos los mismos, nos reconoceremos.
Una bacante — 16-01-2006 22:35:02
liuia — 16-01-2006 23:04:35