Hago una excepción a la norma -otra de mis extrañas manías: no suele hacerme gracia que la gente se cachondee del latín, qué le vamos a hacer, será una enfermedad deformación profesional como si no estuviera suficientemente deformada profesionalmente ya- para celebrar que anoche terminé mi bufanda contrarreloj y que pienso bajar ahora mismo a la calle para estrenarla.
Nada del otro mundo: bajo, hago los recados y vuelvo para ponerme a estudiar.
Viendo mi agenda podría decirse que vivo al límite, ¿no? ¬¬
Sí, al límite de morir de aburrimiento, a ratos.
Ah, y si me queda tiempo después de leerme ese tostón de libro, de hacer la comida, de poner una lavadora -no os lo vais a creer, pero estoy decidida a lavar el abrigo ¡ya!..., es que no me lo creo ni yo-, de coserle los botones al brigo nuevo -sí, he ido a las rebajas, ¡anatema!-, de redactar la exposición del lunes..., entonces, haré unas fotos de las agujas que hice ayer y de la bufanda y las subiré [de fondo: coro de ángeles, arcángeles y potestades -por darle variedad al conjunto- cantando un Aleluya].