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La Historia también se come

Archivado en History & Archaeology • Fecha: 31-01-2006 18:32:43

El 14 de junio de 1800 -de esto hace casi 206 años ya, madre mía, cómo corre el tiempo- no parece que fuera un buen día para algunos.

Supongo que alguien se levantó por la mañana y descubrió que precisamente le había salido un grano en la punta de la nariz, pero el peor apuro porque el que se pasaba aquella mañana no era ése.
En un pueblecito del Piamonte -esto está en el Norte de Italia, aunque por aquel entonces pertenecía a Austria- se había preparado algo mucho más gordo.
No eran las rebajas del Corte Inglés, ni un desfile de Roberto Verino. Más concretamente, daba la casualidad -casualidad o no, allí estaban- de que las tropas austriacas, bajo el mando del Barón de Melas -al que conocían en su casa por el nombre de Michael-, y las tropas francesas, mandadas por un tal Bonaparte -que ha resultado más conocido en casa de todos por Napoleón-, habían tenido el gusto de encontrarse.

No sé si estaréis al tanto, porque no lo suelen sacar en el tomate, pero la verdad es que en aquel momento, la Francia revolucionaria y esa Austria del Antiguo Régimen no es que se llevasen precisamente bien. Así que, frivolizando un poco la cosa, podríamos decir que esa mañana, lejos de preocuparse por los granos de sus narices y encantados de haberse conocido, madrugaron bastante para pegarse unos sopapos.
El caso es que las cosas no pintaban muy bien para Napoleón a media tarde, cuando a los franceses -resumiendo mucho- ya les habían dado para el pelo dos veces. A estas alturas, no sólo estaban todos magullados y sucísimos -eso los que tenían la suerte de seguir con vida-, sino que, además, a Napoleón le estaba entrando un hambre atroz. Mientras se concentraba en gritar lo suficientemente alto para tapar los espeluznantes rugidos de sus tripas, mandó a hacer puñetas al general Desaix y se fue a comer -lo que no sabían ninguno de los dos es que sería la última vez que le mandaba a hacer puñetas-.

¡Qué tragedia para Dunand! (el cocinero de Napoleón en aquel momento, para el que no le conozca: unos amigos, Dunand; Dunand, unos amigos. Enchanté, enchantés. A lo que íbamos...)
Para desgracia y desesperación del bueno de Dunand, los austriacos les habían cortado los suministros -así que debían de estarse poniendo morados de paté de foie de canard y Chambertin de Borgoña, los muy tunantes- y se encontró con la despensa vacía mientras las tripas de Napoleón aullaban como los bichos del Parque Jurásico. Al borde de un ataque de pánico, mandó a algunos soldados a que rapiñaran lo que pudieran por los alrededores, para no presentarse con las manos vacías ante Bonaparte... En bona parte porque, según iba el día y tal como estaba de hambriento el cónsul, lo mismo hasta le terminaba mordiendo a él.
Al final, aquellos enfants de la patrie a los que había enviado en misión urgente volvieron con las siguientes delicias para el paladar: ajos, cebollas, tomates, pollo, aceite, unos cangrejos de río... Y Dunand se puso manos a la obra.
Entre tanto, Desaix, que había estado haciendo de las suyas mientras Napoleón esperaba la comida, ganaba la batalla de Marengo -nombre que también llevó uno de los caballos de Napoleón, cuyo esqueleto se conserva en el National Army Museum [hace falta valor] de Sandhurst- y, a la vez, estiraba la pata alcanzado por un disparo de mosquete.

Por fin, Dunand, triunfante, le puso la comida a Napoleón en la mesa.
Un plato delicioso -os lo puedo asegurar-, al que bautizó como

POLLO MARENGO


(por cierto, que yo sepa -y lo sé de buena tinta, porque mi madre es cocinera profesional, no por nada ;)-, aunque en casi ninguna de las recetas que he visto en internet se incluyen -será porque son difíciles de conseguir en muchos de los casos-, el pollo (a la) Marengo siempre lleva cangrejos de río).


Marengo, además -por si no era suficiente-, es el nombre de una tonalidad de gris.


Si os pica todavía la curiosidad y queréis leer otras tropecientas variantes de esta misma historia, no tenéis más que buscar "pollo Marengo" en Google.

Si os pica la curiosidad sobre Napoleón y queréis leer una novela muy divertida basada en un hecho real, os recomiendo La sombra del águila, de Arturo Pérez-Reverte.

Si os sigue picando la curiosidad, podéis visitar Napoleon.org.

Si os pica otra cosa, siempre podéis rascaros.
Si os sigue picando, yo me lo haría mirar ;P.

Escrito por liuia drusilla
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Comentarios

  1. Yo me sabo (como dice mi primo David, de 3 años de edad) una historia parecida, pero con el carpaccio como protagonista (en vez del pollo) y como actor de reparto un mafioso italiano (en vez de el Sr. Napoleón). !Qué Oscarizada (o mejor, "Goyada") estoy!

    Atia — 31-01-2006 20:19:42

  2. Bueno, pero no nos dejes ahora con la intriga, mujer...

    liuia — 31-01-2006 20:41:33

  3. ¿Aqui no hay estrellita para añadir a mis posts favoritos?
    Porque, amiga Livia, este es buenisimo. Perfecto.
    Da gusto leer asi.
    Gracias por esa gracia tuya al escribrir.

    Manel — 31-01-2006 21:49:57

  4. ¿Estrellita? Aquí no usamos de eso, pero, vamos, que si os hace ilusión:
    1º me informo de lo que es XD
    y
    2º la pongo ipso facto
    Y gracias a ti, por pasarte, leer y valorar. Así, leer no sé, pero escribir da gusto :).

    liuia — 02-02-2006 00:02:07


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