Ayer me llamó B.
Ahora comprendo ese síndrome perruno que arrastraba ella el año pasado y me decía: ya lo entenderás. Cuando empecé a hablar con ella sólo me faltaba saltar alrededor del teléfono con la lengua fuera. Paso tantas horas al día leyendo cosas aburridas, mis amigas están casi todas fuera o desaparecidas en combate, las relaciones con la gente del doctorado son tan artificiales -excepto con un par de ellos, pero tampoco es que nos veamos mucho fuera de clase..., aunque los ratazos que nos pasamos en la cafetería* tampoco están mal ;)- que eso de salir a tomar café o recibir una llamada telefónica de una amiga son un acontecimiento mundial.
Por esa parte, este fin de semana podría decirse que he estado en racha. P ha vuelto de su exilio en el culo del mundo por unos días, hemos ido a tomar café, y B me ha llamado por teléfono.
Si alguien va a preguntar que si tanta ilusión me hace, por qué no llamo yo, que sepa que a veces llamo :P, pero no está la bolsa como para llamar cada dos días. Al mes intento llamar a alguien, si veo que ando bien, pero de cuando en cuando hace más ilusión que se acuerden de una, ¿no?
El sábado por la tarde se puso a nevar sobre las cuatro y media. Y cuando salí de casa para ir a tomar café a las seis todavía no había parado. No sólo eso, sino que llegué a la parada del autobús convertida en un muñequito de nieve ;).
Fuimos al bar de siempre, donde estuvieron encantados de vernos otra vez por allí, más que nada porque nos sentamos junto al ventanal y atraíamos a la gente perdida bajo la ventisca como las lámparas a las polillas. Es curioso que cuando más arreciaba, más gente se paraba delante de nuestra ventana intentando descifrar uno de esos horribles mapas para turistas -que llevan siempre la única información que no le interesa a nadie cuando hace turismo, como la peluquería donde te hacen las mechas más baratas o la publicidad de una tienda de trajes de novia- y yo, que cuando llevo una temporada encerrada en casa puedo pasarme un día entero haciendo chistes sin parar si me sacan, los atraía hacia el local con mis poderes telequinéticos.
En realidad entraban porque hacía mucho frío, nevaba, se habían perdido y a nosotros se nos veía tan felices y lustrosos allí dentro... Pero, bueno, mis amigos son muy dueños de creer la versión que más les guste ;).
Les fue tan bien el negocio en el bar, que nos invitaron a una segunda ronda.
Y estuvo nevando toda la noche. Aunque la nieve casi se ha disipado ya :(.
Y, eso, que B me llamó anoche. El plan es el del siempre: irnos las cuatro (B, H, la L y yo) por ahí a lo loco. O sin tan a lo loco, pero irnos las cuatro por ahí. Siempre andamos con lo mismo, y nunca funciona, si no es por las fechas es porque no tenemos un duro, o porque una se raja o porque... (rellenar la línea de puntos con cualquier buena excusa).
Las conocí hace un año y medio en un campo de trabajos forzados una excavación y cada una vivimos en una punta de España (bueno, de la mitad Norte, tampoco es para tanto), así que siempre andamos peleando para vernos, pero nunca puede ser. B y la L vinieron a verme en diciembre de 2004, aunque H no pudo venir :(, y nos lo pasamos en grande, aunque la L casi se nos muere de frío, la pobre -claro, trasplantas a una valenciana de golpe a mitad de la Meseta, en pleno diciembre y nevando...
A ver si esta vez hay suerte y nos juntamos las cuatro, que ya hay ganas.
Y como dice B, vámonos, a donde sea, pero vámonos yaaa.
________________________________________________
*En los cuatro años de carrera no había pasado nunca tantas horas en la cafetería como éste.
Nairta — 01-03-2006 12:06:38
liuia — 01-03-2006 12:29:49
Laurix — 01-03-2006 12:53:24